Los vikingos, ese pueblo que llama tanto la atención pero que si tuviéramos uno delante mejor no mirarlo a los ojos directamente. Muchas son las características que ya se conocen de estos antiguos guerreros, pero vamos a recordar cómo eran.
Los vikingos tienen fama de ser rudos, no tener sentimientos y, por supuesto, no esperes que te regalen una flor por San Valentín.... ¡pues quizás nos equivocamos!
Este antiguo pueblo teutónico que se asentó en Escandinavia entre los siglo VII y XI fue uno de los más temidos pero también eran hombres y mujeres con muchos principios. Para empezar veneraban a la mujer mucho más de lo que lo hacemos hoy. Estas eran consideradas dadoras de vida por lo que su valor era incalculable. Eran fuertes guerreras, luchadoras y criadoras. Si un hombre no valoraba y trataba bien a una mujer de su clan, podía ser castigado de forma muy severa por el resto de los hombres. Las mujeres, en definitiva, eran la personificación de la naturaleza y solían ser considerados y caballerosos con ellas. Siempre y cuando pertenecieran a su clan.
Obviamente no esperes conocer a un vikingo de otro clan y que se comporte como un Romeo contigo porque eso no pasaría. El clan se respetaba pero eran guerreros y se dedicaban al pillaje, asesinato y violación de todo aquello que se interpusiera en su camino.
Se habla incluso de un clan quienes eran muy aficionados al empalamiento de niños. Con el resto de las personas no quiero ni saber lo que harían.
Algo que sí me gusta mucho de este pueblo es que el mismo principio que siguen lo respetan para el enemigo. Eran amantes de la guerra y mataban porque estaba en su naturaleza, pero no eran unos chusmones cualquiera que se encaraban con todo y ya está, sino que mostraban gran respeto por sus enemigos. Para ellos era un gran honor morir en la batalla sin mostrar ni un sólo síntoma de dolor. Si eran capturados y torturados hasta la muerte se esperaba de ellos que no hicieran ni un sólo gesto. Por este motivo les daban todas las oportunidades posibles a sus enemigos de ganarse un sitio en el Valahalla, el paraíso donde irían los mejores guerreros y cenarían con Odín cada noche.
Es más, este tipo de conducta estaba bien vista por los dioses. Ellos tenían escritos los poemas que podrían equivaler a los diez mandamientos cristianos. Por ejemplo, frente al mandamiento de "No desearás a la mujer de tu prójimo" Odín escribe un poema en el que defiende que puedes acostarte con la mujer que desees mientras fuera de mutuo acuerdo, que no se entere el marido y que no prometas cosas a su oído que después no vayas a cumplir.
¿Con cuál te quedas tú?

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