Bienvenidos a La casa de Ast.

La vida no es un problema para ser resuelto, sino un misterio para ser vivido.

Bienvenidos a La casa de Ast

Cifras y letras, carne y pescado, blanco y negro, falda o pantalón... A veces pensamos que la vida se reduce a un extremo o al otro, pero nos olvidamos que hay mucho por descubrir aún. Pensamos que si eres del tal marca, entonces estás en contra de la otra, o si te gusta el negro jamás vestirás de rosa....

Pero hay más, mucho más. Ante nosotros cada día se presentan una amplia posibilidad cultural y lucrativa que, en muchas ocasiones, no vemos.

En una ocasión, mi padre me dio uno de sus útiles consejos: "Lo bueno no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". ¡Y qué gran verdad! No hay nada más bonito que poder disfrutar de aquello que te apasiona, y si, además, lo puedes hacer tu oficio serás una de las personas más felices y completas de este mundo.

Mi pasión son las letras, las artes y las mitologías. Mi pasión es la enseñanza. Mi pasión es el teatro y el cine. Mi pasión es hacer llegar a los demás aquello que me resulta útil e interesante. Mi pasión es la felicidad.

Por ello decidí crear este blog. Un espacio que pudiera llegar a todos y que tratara sobre poesía, literatura, arte y mitologías. Un lugar donde poder compartir conocimientos, emociones, vivencias, sentimientos... Una comunidad de los amantes de la palabra escrita y oral. Una casa. La casa de Ast.

El nacimiento del Sol, según los egipcios.


Ya sabes que los egipcios adoraban por encima de todo al Sol. ¿Por qué? Muy simple; era un pueblo agrícola. Su principal fuente de alimentación y sustento era el río Nilo. Cada seis meses el Nilo se inundaba (cosa que podían averiguar los sacerdotes de los templos con el llamado "nilómetro"). Así que, tanto el sol como el agua eran elementos primordial y vitales para los egipcios, y como aún no había nadie que tuviera un telescopio gigante que pudiera decirles qué era realmente el sol, decidieron darle una explicación al origen de aquella bola de fuego gigante que cada día salía por una parte de Egipto y se ponía por la otra. ¿Qué pasaba? ¿Quién era? ¿Qué lo movía? 

Para una de las regiones de Egipto, el Sol tuvo su origen de una forma muy peculiar. 

En un principio existía lo que llamaban el dios del agua primigenia, Nun. Antes que el Caos, antes que la Nada, existía el agua. y de ahí surgieron todas las cosas (no iban muy desencaminados con la teoría del señor Darwin, ¿verdad?). Estaba claro, el Nilo era lo que les daba vida, así que no es muy difícil imaginar por qué pensaron en un dios primigenio que habitara/fuera el agua. 



Pero dentro del Gran Dios Nun existían unos pequeños seres. Cuatro parejas que serían las personificaciones de los grandes misterios del hombre: Nun y Nauet (las aguas primordiales), Heh y Heket (el espacio infinito), Kut y Kauket (la oscuridad), Amón y Amaunet (lo misterioso). Estas cuatro parejas actuaban siempre juntas y eran llamadas la Ogdóada (por aquello de ser ocho). Pero lo mejor viene ahora; ellas eran serpientes y ellos ranas. ¿Por qué? Piensa un poco, ¿qué tipo de animal encuentras en el agua? Exacto: serpientes y ranas. 



Sí, sí. Mucho buen rollo, pero la convivencia lo que tiene es lo de siempre; altercados. Es normal. Cuando convives durante siglos con tres parejas más, aparte de la tuya, aquello se acaba convirtiendo de una disputa asegurada y notificada desde el comienzo. Y así sucedió. Del enfrentamiento de la Ogdóada surgió, con una enorme explosión, un montículo de tierra. Como una montaña gigante. Pero una montaña muy especial donde dentro de encontraba lo que llamarían los egipcios "el huevo cósmico". Y te preguntarás, ¿y por qué un huevo? Bueno, ¿y qué ponen las serpientes y las ranas? 

Ese huevo se incubó durante mucho tiempo en el calorcito del interior de la tierra, y más tarde o más temprano acabaría por eclosionar. Y ¿sabes qué salió del huevo? ¡Exacto! el gran dios Sol. 


Este dios pronto se convertiría en un dios con cara, cuerpo y emociones propias. Su nombre sería Atum (contengo las bromas sobre Atum en lata y esas cosas). El gran dios Atum, todopoderoso, con una sabiduría absoluta y poder creador indiscutible. Pero Atum, el magnífico, estaba solo. 

Para acabar con su soledad decidió ser padre (esto a veces ocurre). Y como no necesitaba una diosa que lo acompañara en tal labor, decidió tenerlo a la original manera de los dioses; con un estornudo creó a los vientos y lo llamó Shu, y con un escupitajo creó la humedad y la llamó Tefnut. Yo he probado esa técnica, pero, quizás no te lo creas, no funciona. 



Ya eran una familia feliz; Atum, Shu y Tefnut. El papá estaba encantado con sus dos mochuelos, pero estos pronto levantarían el vuelo en la búsqueda de conocimiento y aventuras y vivir un poco su vida. De manera que los dos hijos de Atum se marcharon sin decir a dónde se iban. Atum, desconsolado, creyó que podría soportarlo, pero en el momento en que se vio solo de nuevo tuvo la enorme necesidad de, o bien encontrarlo, o bien crear más vida. ¿Por qué no ambas? ¡Era un dios, carajo! 

Y así lo hizo. Como ya había gastado el truco del escupitajo y el estornudo, se armó de creatividad, se arrancó un ojo y dándole forma lo llamó Sekhmet. Y ya que estamos le pongo cara de leona, que queda más fiero. Mandó entonces a Sekhmet a la búsqueda de sus hijos y la diosa leona no tardó mucho en encontrarlo y devolverlos a su (agobiante) padre. 

Estando Atum más que agradecido por esta hazaña, quiso recompensar a la diosa dándole un sitio de honor en la historia: la convirtió en cobra, la llamó Wadjet, y la colocó en la corona de los faraones para que siempre estuviera alerta y expectante ante cualquier peligro y siempre pudiera protegerlos de la misma manera que había protegido a Shu y Tefnut. 


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