¿Alguna vez te has preguntado qué hay más allá de la muerte? Los egipcios se lo preguntaban continuamente por la cosa del "por si acaso" dedicaban la vida entera a la preparación para el camino al más allá. Claro que esto se lo podían permitir unos pocos que tenían forma de costearlo.
Esa es la principal razón de la construcción de las pirámides. Éstas, en definitiva, son tumbas, o mejor dicho, la última casa que morará el cuerpo del faraón. Una vez que la tenían construidas y decoradas al gusto con jeroglíficos que hablaran de su vida (algo así como el facebook, pero sin poder ser editado fácilmente), tendrían que preparar la cámara mortuoria con toda la parafernalia que acompañaría al difunto en su viaje.
¿Qué llevarías tú a viaje largo sólo de ida? Comida, tu mascota, tus cacharros, tus amigos... pues bien, algo así es lo que hacían los faraones que eran momificados y preparados para el viaje. En la cámara metían momias de sus gatos, cestas con comida y bebida, sus bienes más preciados, joyas, incluso, en algunos casos, a sus propios sirvientes.
Existían también unas jarras, los llamados vasos canopes, donde introducían los órganos del faraón una vez extraídos durante la momificación (¡ojo! al faraón no se le podía trinchar como un pavo en Navidad y sacarle los órganos como si tal cosa, era un cuerpo sagrado. Precisaba de una técnica muy cuidadosa. Por ejemplo, el cerebro era sacado por los orificios nasales con un instrumento alargado, y los órganos del torso eran sustraídos por el ombligo. Traaaaaaanqui, ¡que en ese momento no se enteraba! Aunque tendría que ser como una escena de Walking Dead, era lo que debían hacer los médicos encargados de la momificación). Cada vaso representaba a un hijo de Horus y tenía una función específica. (Míralo en la página del blog "La muerte de Osiris"). Todos los órganos eran extraídos a excepción del corazón.
Pero ¡un momento! que nos vamos por la ramas... todo esto era una preparación para el Más Allá, pero antes de llegar debían pasar un Juicio, el de Osiris, precisamente. Era el acontecimiento más esperado entre la vida y la muerte. Ahí es donde se vería si el faraón era digno de ser recordado durante la eternidad, si merecía vivir en el Paraíso y que las puertas del Duat se abrieran ante él.
Ya que el dios chacal Anubis, señor de la momificación y los muertos, había estado presente en el embalsamamiento del faraón, sería él mismo el que lo acompañaría hasta la puerta del juzgado. Una vez allí, se lo entregaría a su hermanastro el dios halcón Horus y de ahí pasaría al despacho de Osiris para ser presentado. Una vez realizadas las presentaciones pertinentes, comenzaría el juicio.
El plan era el siguiente:
- Un grupo de dioses muy antiguos harían las veces de jurado popular. A la cabeza de ellos estarían los dioses primigenios de los que hablamos en la página de este blog "El nacimiento del Sol"; Atum, Shu y Tefnut.
- El dios Thot, dios de la luna, la sabiduría y escriba de los dioses anotaría todo lo que sucede durante el Juicio (como la señora de las películas americanas que no mira la máquina de escribir que está utilizando, pues así).
- El dios Anubis sería quien equilibre la balanza con el corazón y la pluma (Maat) y anuncie si el veredicto es positivo o negativo.
- Ammyt, la fiera mezcla de hipopótamo, león y cocodrilo. Ella estaría esperando a que la sentencia fuera negativa para comerse el corazón del faraón.
¿Preparados? ¡Comienza!
¿Recuerdas que cuando hagamos una momificación sólo debemos dejar dentro el corazón? Esto era porque el faraón lo necesitaba para que el Juicio fuera llevado a cabo. Anubis equilibra la balanza; en un platillo se encuentra una pluma llamada Maat (como la diosa) símbolo de la pureza y la libertad. En el otro extremo estaría el corazón del faraón.
Los egipcios tenían la creencia de que la sabiduría, la mente y la conciencia residía en el corazón, no en el cerebro, así que para pasar el Juicio debía tener una conciencia sana, pura y libre de todo pecado. Esto se traducía en que debería haber llevado una buen vida, no en cuanto a su posición real, sino por su bondad con su pueblo. Sus buenos actos y sus grandes hazañas en pro del pueblo egipcio. De esta manera el corazón sería puro y no pesaría más que la pluma.
Pero si la pluma se quedaba arriba, quería decir que el corazón tenía algo aún que ocultaba. Estaba lleno de energía negativa y, por tanto, el juicio falla en contra del Faraón. En ese momento Ammyt se relame los hocicos, se pone recta y abre bien la boca para poder engullir el corazón del faraón que nunca pasaría las puertas del paraíso y, ni mucho menos, sería recordado por su pueblo.
Yo no sé tú, pero por si acaso voy a empezar con el yoga y a sonreír cada día por aquello de llenar el corazón de buen rollo, que nunca se sabe cuándo hay que presentarse en la puerta de Osiris. Y digo yo... ¿no le valdrá la visita con una cajita de dulces?




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